Cara a Cara
- Autora: Regina Freyman
- 10 oct 2016
- 5 min de lectura

Fue un domingo cualquiera, de esos en los que no quieres quitarte la pijama, la agenda es pasarla con tu pareja en la cama, descansar, comer rico con una copa, algunas manifestaciones de cariño (no entraremos en detalles) y esperar el evento: el segundo debate presidencial entre Hilary y Donald. Como sabemos, los hombres de hoy ya no nos tumbamos solamente a ver televisión sino que interactuamos en redes a partir de nuestra pantalla favorita, un iPad o un celular. Así que lo único que sorprendió mis actividades fue una transmisión en vivo de Mark Zuckerberg desde el patio de su casa. Para quienes amamos los medios, la innovación etcétera, no puede pasar inadvertida la invitación de Zuckerberg para entrar, a partir de la pantalla, a su intimidad.
Si las pantallas nos ponen cara a cara, aunque no siempre los que están de un lado puedan ver a los que están del otro, digamos que pasé el día en el patio del creador de Facebook y posteriormente en el debate presidencial ¿Por qué me parece esto interesante? porque se trata de dos eventos masivos distintos aunque importantes y que presentan tres formas de liderazgo alternativo que, en mi opinión, hablan más de la sociedad contemporánea y nuestra tendencias a futuro que los argumentos y descalificaciones que profirieron el candidato republicano y la candidata demócrata.
Para mí, la única novedad con respecto al primer debate, fue la amenaza de Trump de meter a Clinton a la cárcel, de llegar éste a la presidencia, puesto que para una nación que se presume reina de la democracia, la agresión es sumamente fuerte, incluso para Trump. No lo han perdido sus declaraciones racistas, ni las misóginas, ni siquiera su insultante ignorancia, pero quizás este ardid sea la gota que comienza por derramar el vaso.
Pero volvamos a tres arquetipos diversos de poder en estos nuestros tiempos. Tal como recomiendan algunos analistas políticos, imagino el debate de anoche en silencio para señalar el lenguaje corporal y la apariencia; en el caso de Zuckerberg el mensaje parece trivial, lo que hace fácil ignorar, en principio, el mensaje mismo. Los candidatos se mostraron ambos en vestimenta formal, ambos con trajes y atuendos clásicos, conservadores, pues aunque la apariencia de Trump es exótica por su tono de pelo y sus insistentes bronceados, se trata más de mal gusto que de un afán disruptor. La edad y complexión de ambos es similar, los dos pertenecen al grupo que damos por llamar de la tercera edad, un hombre (70 años) y una mujer (69 años), maduros. A diferencia de Bill, el esposo de Hilary, que también se encuentra en ese grupo de edad, ambos se ven poco atléticos y hasta gorditos, así que tenemos a dos gorditos en un escenario redondo propio de un debate.
Ambos están mayormente de pie y mientras ella se mueve con calma, camina con aplomo y parece tomarse su tiempo, gesticula suavemente y sonríe irónica a cada momento, como una mamá regañando a su hijo pequeño, me dice Héctor (mi pareja) atinadamente; él bufa, se mueve nervioso, interrumpe (11 veces según estadísticas de los medios estadounidenses, en contra de las 5 interrupciones de Clinton) camina por el recinto, gesticula con energía, aprieta los labios. Cabe mencionar que a pesar de los 70 millones de espectadores que reunió el evento (el debate anterior es el más visto en la historia de la TV con 84 millones de espectadores en todo el mundo) se trata de los dos candidatos más impopulares de la historia. Es quizás su impopularidad la que genera esta audiencia, pues las pasiones han sido más protagonistas que nunca en este enfrentamiento.
No haré lo que muchos han hecho ya, analizar a detalle a estos dos personajes, baste decir que en mi opinión y a pesar de sus diferencias, representan al estatus quo, ella en lo políticamente correcto, él en lo antipolítico; ella peca de saber demasiado, él de saber bastante poco sobre las prácticas de Estado. Pero en todo caso representan el desgaste de una clase política en la que muy pocos creen. Los filósofos han dado acuse del derrumbamiento de las grandes estructuras desde Dios y hasta el autor ¿Se muere también el presidencialismo? Es un gran riesgo afirmar esto, pero lo cierto es que si preguntamos a los jóvenes de hoy si quieren ser o se sienten identificados con estos personajes, me atrevo a pensar que muy pocos se pronunciarían afirmativamente.
Por otro lado, está mi tercer personaje de este domingo, Mark Zuckerberg, tiene 32 años, es ateo a diferencia de la metodista Clinton y el presbiteriano Trump. Su fortuna se estima en 53 800 millones de dólares según Wikipedia, mientras la fortuna de Clinton, según MoneyNation.com, asciende a los $31.3 millones; la de Trump a $4.500 millones según Wikipedia, aunque es difícil saberlo a ciencia cierta pues sus bienes raíces suben y bajan, la revista Forbes dice:
“Llevamos rastreando la fortuna de Trump desde hace 34 años. A veces sube y otras baja, y durante la mayor parte de los años noventa se quedó fuera del club de las tres comas (de más de 1,000 millones de dólares)“.
Mark es delgado y atlético (se confiesa vegetariano) está casado desde 2012 con Priscilla Chan (Se casaron en el patio de su casa), médico de Harvard, estudiante de origen chino / vietnamita, con quien tiene una hija: Maxima Chan. Mark nos abre la pantalla a 130,000 personas de todo el mundo, vemos un patio sobrio y la cara del dueño de Facebook mirándonos de frente, no dice nada extraordinario, a sus espaldas hay dos asadores, nos presenta a Maxima, a Priscilla y a su perro Beast. Nos saluda aparentemente alegre, relajado, menciona lo que va pescando de una red interactiva que igual le pone like, cara feliz , enojada, o le hace preguntas o comentarios: “Hola a Patricia de Costa Rica, Buenos días en África…”
El joven invita a ver el debate presidencial, de hecho nos cuenta que por ello ha hecho la reunión, espera amigos. En breve, dos amigos de su edad llegan y se incorporan a la fiesta de la pantalla. Mark no responde cuestiones controversiales, se limita a comentar sobre las salsas y complemento de su comida. Bebe agua pura hasta que sus amigos le traen cervezas, todos están en shorts y playeras. Nos miran como si fuéramos amigos de siempre, no se comenta de política ni de espectáculos, se intercambian bienvenidas y responde aquellas preguntas que califica de importantes ¿Qué salsa usarás? ¿Qué marca de cerveza prefieres?
En Facebook están en vivo ambas transmisiones y aunque la audiencia de Zuckerberg no se equipara a los 70 millones del debate, ni a las 17 millones de menciones en Twiter de los candidatos, todos somos sus amigos en face ¿O no?




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