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¡Extraño! Parte I

  • Regina Freyman
  • 9 sept 2011
  • 4 min de lectura

¡Jugamos de nuevo a la casa de los sustos! Invitó Platón a Milena y a Daniel. Daniel dijo que sólo con la condición de que Milena y él hicieran equipo. Milena prefiere hacer equipo con Platón porque es más listo aunque se asusta fácil y le da por esconderse como represalia cuando algo no le parece.

No cabe duda de que los hombres somos extraños incluso para nosotros mismos. Hay días que nos miramos al espejo sin reconocernos e invadidos por el sobresalto tratamos de entender esa rareza que llamamos identidad, entonces nos contamos miles de cuentos hasta volver familiar el rostro del extraño con quien nos topamos ante el espejo. O hartos de una fisonomía, inventamos historias para mirarnos extraordinarios. Oscilamos entre extrañar y familiarizar.


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Platon lograba inventar historias de miedo magníficas en colaboración con Milena, Daniel era pragmático y se aburría fácil. Milena sentía gran atracción por Platón, les asustaba lo mismo y parecían leerse la mente al construir sus monstruos y tramas, los dos niños amaban La dimensión desconocida, no les gustaba copiar las historias para hacer sus representaciones de espanto, pero se inspiraban en sus motivos. Pero Platón era condescendiente y a medio juego le daba por dar explicaciones teóricas del simulacro o asumir que Milena estaba atemorizada cuando daba un buen grito para representar su papel. Eso molestaba sobremanera a Milena quien advertía que Platón, en el fondo, temía que la inmersión fuera tal, que como en el programa citado, la trama los devorara y no poder, entonces, volver a casa. --Si vas a jugar juega bien, no nos expliques lo de la catsup como sangre, ni reveles los trucos en medio del juego porque el susto se baja y ya no tiene chiste. --Ok Mile, pero es que tú te pones intensa y me asusta que se vaya a hacer de noche y te encapriches y quieras seguir jugando pasada la hora de la cena. Además te quiero enseñar los trucos por si un día tú tienes que montar sola la escenografía. -- Ay me choca que siempre te creas el superexperto... Para Milena jugar a ponerse en estado de extrañeza se volvió un juego conocido. Desde niña le gustaba jugar con hombres, ser prodigada de atenciones, entendió pronto que se odia lo familiar, así que una niña que juega con ellos de muy cerquita, que los roza, los provoca y luego se aleja o se torna extravagante, es siempre deseable; en cambio aquella que permanece, que se revela completa, la que es confiable, se vuelve la amiga a la que todos zapean, hasta desaparecer convertida en banqueta o en el sillón olvidado de la sala de estar. Este recurso estético que descubrió por azar, se le olvido muchas veces durante su vida, es que vivir el sobresalto de lo extraño asusta y se persigue, por instinto, navegar por territorios conocidos, eliminar la sorpresa, la ansiedad, acudir al ritual, reposar en lo cotidiano. Así que formalizó trabajos, parejas y hasta rutinas, entonces se desvanecía y vivía en automático. Cuando estudió literatura sustentó con teoría ese recurso de la extrañeza que, en principio no implica sentimiento negativo, es el efecto producido por una cosa extraordinaria y singular, al que se añade echarla de menos. La cotidianidad hace que se pierda la frescura de nuestra percepción, hace de todo algo insignificante. Los humanos necesitan reposar en lo conocido, buscan el cobijo de lo acostumbrado, aunque luego se fastidien contra ello. Decía Sartre que la condición para que haya fascinación es que el objeto se destaque con relieve absoluto sobre un fondo de vacío. Al parecer el reproche de Milena enojó a Platón. El juego comenzó como siempre, acomodaron a los monstruos y se escondieron para asustar a Daniel que sería la víctima en esta ocasión. Daniel entró, esta vez usaron la cueva de la barranca donde por las tardes se guarecen los murciélagos, el escenario es lúgubre de por sí, el olor ayuda pero las máscaras de Platón y su pericia para armar a los zombies o muertos con la ropa vieja del hermano de Milena, así como la historia bien tramada por ambos, hacia de cada juego una aventura aterradora y los niños pasaba noches sin dormir, consumidos por la excitación y el miedo. Daniel avanzó entre la humedad de la cueva, Milena comenzó con voz ronca a relatar la historia de un cementerio que había sido expropiado por unos constructores, los cuerpos exhumados se lanzaron sin respeto a esa cueva que desde entonces se llama La entraña de la muerte. Daniel tembló, comenzó a estornudar nervioso, de repente Platón corrió entre las rocas simulando bailar con una zombie, corrió rapidísimo, hasta desaparecer, tras él se oyó un estrépito terrible y la cueva se hundió en silencio. Esconder, privar, restringir son tácticas de ocultamiento marras, contenidas, apuestan a dosificar en lugar de prodigar, se requiere de lo contrario, de sembrar, de ser creativo, explorar nuevos modos de presentar las cosas como nunca vistas, de hecho, es un asunto lúdico, Platón sabe de juego y es hábil en las cartas o el azar, incluso en estrategias de negocio, pero el arte de vivir, merece más elevadas técnicas para provocar la desautomatización, esconder es un truco simple, hay que singularizar, sacar de contexto para llamar la atención. Para Milena como para su héroe Cortazar, vivir y escribir son casi la misma cosa, o escribir es la parada tangente para desfamiliarizarse y apreciar la vida, contarla de múltiples modos para destacar los instantes. No se trata de una intención artística, es un asunto de vida se intenta descubrir las fisuras que se cobijan tras lo aparente, es hacer de la vida una lucha constante, es la conquista cotidiana, una suerte de presencia y recomienzo, es una disposición abierta, una lectura vivencial, dispuesta a descentrarse, a descubrirse. Todos saben que Platón cuando se enoja o las cosas no salen como él quiere se esconde, pero Milena lo extraña y Daniel está asustado, el tiempo pasa y se hace de noche, ellos buscan desesperados. Freud relaciona lo temeroso con lo extraño, lo siniestro que se opone a lo íntimo, secreto, familiar, doméstico. Esta forma de extrañamiento no es la que le gusta a Milena porque es carencia y dolor, Milena pierde el aliento, los niños siguen buscando sin tregua...

 
 
 

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